domingo, 3 de enero de 2010

Últimos acontecimientos

Es extraño pero esta navidad sí me gustó y sí la esperaba. Fue, para mi gusto, agradable, tranquila y cálida. Generalmente me aburro en Nochebuena y disgusta estar con toda la familia porque tengo que esquivar preguntas del tipo "y cómo va la tesis?" a pesar de que he explicado no-sé-cuantas veces que no haré tesis. O cosas así como "sigues con el mismo novio?", esta esa la clase de pregunta hipócrita, porque en realidad poco les importa mi vida amorosa, es nomás pa' hacer plática.
Esta nochebuena y navidad sí me gustaron, porque no hubo preguntas incómodas, ahora sí hubo regalos (sí! he caído en el consumismo navideño) y porque además comí muy rico.

Para fin de año la cosa fue menos agradable.
Casi muero un día antes.
Primero me enfermé de algo relacionado con las vías respiratorias, fui al Seguro Social y como era de esperarse, se tardaron años y felices días en atenderme porque "si yo no tenía fiebre, no podían atenderme"; para que me quede claro la próxima vez, si no tengo un pie en la tumba, no me atenderán.
Al día siguiente de que casi muero de eso (que no me dijeron qué era), tuve una reacción alérgica por nueces, estas últimas provenientes de la persona que me dio la manzana la vez anterior que tuve la reacción alérgica por comer manzana, que es la misma persona que siempre me pregunta "cómo va la tesis?". Llegué a la conclusión que tal vez yo sea alérgica a esa persona.
Y entonces, por un instante, uno pequeño, me puse fatalista y pensé que no llegaría al 2010.
Pero aquí estoy, y espero este año no ser tan quejumbrosa como el anterior. Creo que me irá mejor.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Jueves

Fue el primer día de clases cuando te vi por primera vez en el andén.
Cuando llegó el tren, te miré con atención y me quedé pensando que eras muy guapo, y que no te volvería a topar. Y ese mismo día, unas horas después saliste de mi mente.
Dos semanas después te encontré un jueves en el mismo andén, me pareció curioso y claro que te reconocí apenas te vi, después con tanta gente al llegar el tren te me perdiste.
La semana siguiente también te encontré en jueves y me quedé mirándote todo el trayecto.
El jueves siguiente llegué a la misma hora, a las 6:45, pero no te ví, era curioso que sólo te encontraba los jueves, lo que no era raro es que yo siempre llegaba tarde a la primera clase.
Y así te encontré en otras ocasiones, también en jueves.
Después de un tiempo, yo ya hasta soñaba contigo, fantaseaba con historias acerca de los dos, me imaginaba besándote y haciendo esfuerzos por alcanzar tu cuello. Un día salí de casa a la misma hora de siempre, totalmente decidida a saludarte, preguntarte tu nombre y hacerte plática. Llegué al andén y no estabas, así que esperé. Dieron las 7 y no llegabas, las 7:30 y nada, a las 8 finalmente ya desilusionada, decidí tomar el tren a la escuela.
Pasaron muchos jueves y no te volví a ver.
Algún maestro me llamó la atención y me dijo que de no llegar a buena hora a su clase, reprobaría la materia, así que tenía que salir más temprano de casa, y así finalmente se perdía la más pequeña esperanza de volverte a ver un jueves.
Uno de esos días en los que ya llegaba temprano a la escuela, un miércoles, subí las escaleras hacia el andén, y no podía creer lo que miraba: eras tú al final del pasillo, donde siempre nos encontrábamos. No podía ser posible! no podías ser tú, seguro estaba todavía dormida porque tú te ibas más tarde; así que caminé mientras el corazón se me quería salir del pecho de los nervios, y sí, sí eras tú.
Pero había perdido el valor de hablarte, había pasado tanto tiempo sin verte.
Entre tú yo estaban tres personas separándonos, tú caminaste hacia donde yo estaba parada, te quedaste junto a mí, yo te sentí y te miré con el rabillo del ojo, recuerdo que sentí cómo se me erizaba la piel y de qué forma me temblaban las piernas.
-Hola- dijiste
-Hola.
-Hace tiempo que no te veía por aquí, ¿vas a la escuela?
Me habías extrañado!! bueno, no tanto así, pero yo pensé que ni siquiera habías notado mi existencia.
-Sí, voy a la escuela ¿y tú?
-También, soy D. y tú? cómo te llamas?
-Soy Maggie, mucho gusto.
-Qué bonitos ojos tienes, Maggie, qué estudias?...

Para ese momento, yo ya era el ser más feliz del Universo entero. Ese día supe que te encontraba los jueves por que siempre se te hacía tarde ese día, por las actividades nocturnas de los miércoles, supe que estudiabas ingeniería, que vivías muy cerca de la estación y que tú también habías estado pensando en hablarme desde antes.
Yo tuve una sonrisa en mi cara todo el día, toda la semana.

martes, 20 de octubre de 2009

Era una tarde perfecta...

La tarde era tranquila, con tormentas de viento y chorros de sol colándose por los páneles de la estación del metrobús.
El cielo era perfecto, el momento perfecto, la estación casi vacía para mi fortuna. Dejé pasar 3 vehículos, así nada más, por ganas... o como si por alguna razón o corazonada no debí hacerlo.
Subí al siguiente carro, en el que no pude obtener un asiento, motivo por el que me quedé parada junto a la ventana, donde el aire pudiera desacomodarme más la ya de por sí alborotada melena.
Cerraron las puertas y el carro se puso en marcha. En la siguiente estación se vislumbraba mucha gente, que, al abrir las puertas del carro, subió a empujones. Estaba ella.
Se me fue el color, yo lo sé, pero sentía la cara caliente de rabia.
Ella sintió mi mirada y volteó, me miró fijamente como yo a ella, si supo leer mi mirada, pudo saber que la odio profundamente y todo el rencor que guardo. Ella sonrió irónicamente.
Yo empecé a temblar, mis piernas y brazos se entumecieron, como para evitar que me le fuera encima, porque de haberlo hecho, no hubiera acabado nada bien.
Yo quería gritar pero no podía, no podía siquiera moverme, era como si me hubiera convertido en un maniquí. Sólo podía temblar, temblar y mirarla para transmitirle en lo posible el odio que le tengo.
Sólo cuando se bajó pude moverme.
En automático le marqué a él:
-Te amo, cuídate mucho- le dije y colgué.

La veo tan poca cosa, tan mierda como es, qué coraje que haya gente como ella.
Y para mi mala fortuna, vivimos en la misma ciudad.

Al llegar a casa sólo pude vomitar, eso es lo que me produce.

sábado, 17 de octubre de 2009

Un hombre mirando fijamente sus ecuaciones dijo que el universo tuvo un comienzo.
Hubo una explosión, dijo.
Un estallido de estallidos, y el universo nació.
Y se expande, dijo.
Había incluso calculado la duración de su vida: diez mil millones de revoluciones de la Tierra alrededor del Sol.
El mundo entero aclamó;
hallaron que sus cálculos eran ciencia.
Ninguno pensó que al proponer que el universo comenzó,
el hombre había meramente reflejado la sintaxis de su lengua madre;
una sintaxis que exige comienzos, como el nacimiento, y desarrollos, como la maduración,
y finales, como la muerte, en tanto declaraciones de hechos.
El universo comenzó,
y está envejeciendo, el hombre nos aseguró,
y morirá, como mueren todas las cosas,
como él mismo murió luego de confirmar matemáticamente
la sintaxis de su lengua madre.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Mala

El día de hoy puedo decirlo sin justificación y sin avergonzarme de ello:

soy una mala persona.

Pero no con todo el mundo, nada más con quienes lo merecen.
Jajaja.

jueves, 6 de agosto de 2009

Aquí se muere en Agosto

Hace 19 años se murió la abuela.
Hace 6 el abuelo.
Hace 4 papá.
Todos en agosto.
La mayoría de los fallecidos familiares se han ido en agosto.
Recuerdo que hasta hace un año analizaba esta cuestión, porque, de pronto al acercarse este mes, sucedía una serie de cosas que causaban shock en mí; ahora supongo que se trataba de una especie de alerta, un miedo tal vez a tener que despedirme de alguien cada año, en agosto. O tal vez de despedirme yo de todos.
Y es que en mi familia, se muere en agosto.

miércoles, 5 de agosto de 2009

La memoria

Alguna vez he escuchado hablar de algo así como la memoria selectiva y creo que es algo así como si sólo recordaras cosas que quieres recordar, o que te convienen.
Yo solía tener buea memoria. Muy buena.
Recordaba hechos, nombres, fechas, colores, olores, todo, recordaba cada pequeño detalle; tal vez no todo lo recordado era siempre de utilidad, pero a mí me servía por el sólo hecho de que eran parte de mi vida, de mi historia.
Ahora veo, con una especie de tristeza, que he perdido todo eso, todo el recordar y además los recuerdos, no solamente los más viejos, sino los que seguro no tienen más de una semana.
Esto no creo que se trate de un caso de Alzheimer juvenil ni algo así como para provocar un gran drama, sin embargo, me parece triste.
En parte se lo debo a los excesos, esos que antes me causaban culpa y eso que llaman "cruda moral"; hoy en lugar de culpa, me causan tristeza (qué raro en mí!), porque sé que en alguna parte de esos excesos me lo pasé bien, aprendí cosas, conocí gente, conocí música (esa es la parte que más me pesa no recordar), conocí historias.
En esos excesos conocí también cosas amargas, que, generalmente sí recuerdo (me lleva el diablo!), aunque hay partes que también olvido.
Ahora casi tengo miedo de llegar a vieja, qué desperdicio haber vivido tantos años y no recordar tantas cosas aprendidas!